miércoles, 12 de noviembre de 2008

AFJP: LA HORA DE LA RESPONSABILIDAD

Por Ricardo A. Faerman, CEBS
Tuesday, 28 October 2008
Los números en juego son tan elevados y los compromisos a asumir tan importantes que podrían comprometer el propio destino del país


El sistema de reparto y el modelo de ahorro por capitalización no difieren en gran cosa. La persona trabaja la misma cantidad de años en ambos modelos, gana el mismo sueldo y sobrevive en pasividad igual tiempo ¿Por qué habría de haber diferencias?

Los elementos financieros de la economía, como la tasa de interés u otras inversiones resulta redundante decir que tampoco cambian.

Si alguno de nosotros se convirtiera en la última persona viva en la tierra, ese ser humano sabría con absoluta certeza cuanto tiempo vivió cada quien, cuanto dinero aportó para su jubilación y cuanto recibió en beneficios para sí y sus sucesores.

Al no contar con esa especie de inmortal – previsional se apela a personas jurídicas, ergo: Compañías de Seguros de Retiro o Compañías Administradoras de Fondos de Pensiones si se va por el camino privado, o la administración pública si se prefiere el estatal.

A esta altura algún lector agregará de su coleto que el estado tiene la capacidad de generar una especie de compensación inter – generacional que da hoy a los que tienen menos lo que les sobrará mañana a los que tendrán de más o algo así.

Esa supuesta generosidad o solidaridad no existe o no es posible. Cada generación tendrá que afrontar por si misma el desafío de generar los recursos para sostenerse cuando ya no pueda trabajar por razones de edad y toda otra afirmación es interesada y sin sustento científico, cosa que ha quedado cabalmente demostrada, basta con observar lo que ha sucedido con nuestros jubilados, el maltrato “solidario” que les hemos propinado desde hace décadas como mínimo.

Si una persona iba a recibir de su “Grupo Previsional” una renta vitalicia de $450, no hay modo alguno para que el estado nacional le pague a ese mismo sujeto más que ese importe sin asumir concientemente que a partir de ese momento deberá registrar en sus balances una contingencia por la diferencia.

Esa contingencia será igual a la diferencia de capital técnico necesario para pagarle $450 al beneficiario y lo que real y finalmente se le abone.

Una decisión errónea en este sentido produce que mas tarde al estado no le alcance la plata, por medio de la inflación licue el beneficio que prometió pagar, el mismo caiga aún muy por debajo de los $450.- que parecían escasos entonces y los tribunales se llenen de juicios ¿le suena familiar?.

Si un hombre sano y fuerte de 25 años quisiera ahorrar para su jubilación el 26% de su ingreso (11% detraído directamente de su salario y el 15% “costo laboral” detraído de su salario mediante una carga al empleador) durante toda su vida laboral, asumiendo que la inflación y las inversiones fueran en paralelo, lo ahorrado a los 65 años le permitiría vivir con el 100% de su ingreso en la etapa activa, hasta cumplir como mínimo los 95 años de edad, nada mal.

Ese hombre sano y fuerte no-necesita de nadie que le diga lo que tiene que hacer, solo requiere de un lugar seguro donde refugiar su ahorro y alguna inversión conservadora que le permita compensar con sus resultados la inflación que acontezca en lo que le quede de vida.

Sucede que nuestro hombre sano y fuerte podría sobrevivir demasiado o morir prematuramente o aún peor, quedar incapacitado, de donde la sociedad genera ámbitos técnicos que permiten convertir a todos los miembros de la sociedad en una sola persona y así compartir los riesgos.

Compartir los riesgos no es demasiado caro, un aporte del 26% alcanza y sobra para ahorrar los suficiente para vivir con muchísima dignidad en la pasividad y aún dejar algo en la alcancía colectiva para el caso de una incapacidad o un aumento inesperado de la sobre vivencia.

No hemos aún sido informados respecto del valor presente de los compromisos asumidos por el estado, pagarle $1.000 de valor real por mes durante toda su vida a 9,5 millones de personas representa con seguridad un compromiso que se mide en billones, los que deben ser compensados con los 95 mil millones transferidos hoy más el valor presente de los aportes futuros.

Los actuarios ya hacen sus cuentas y fruncen el ceño, se trata de guarismos impresionantes, los que si han sido debidamente analizados por los profesionales que acompañan al gobierno, no han sido comunicados a la población que deberá aportar y creer en que será posible obtener los beneficios.

Una sociedad no puede para y por siempre ser habitada por jubilados – fantasmas que pululan angustiados por un retiro promedio del 40% de sus ingresos en la etapa activa rezando para que a sus hijos no les vaya demasiado mal y puedan ayudarlos a completar el mínimo necesario para cubrir sus necesidades básicas.

No se trata entonces de quien maneja el dinero, si obtiene ganancias económicas o políticas, se trata de hacer los cálculos con propiedad y rigurosidad científica y aislar el tema lo suficiente como para garantizar que el propósito de toda acción se convierta en beneficios cumplibles y no en hordas de juicios contra un estado siempre refractario a poner en la billetera de la gente lo que le metió antes en la cabeza con su discurso.

Hay quien cree que estamos nuevamente ante una opción, reparto o capitalización, eso no es así, el resultado no varía según el método que se use.

El tema es de una significación tal que una mala decisión podría condenarnos a un estado permanente de miseria, irrecuperable, de donde es de responsabilidad de los legisladores el informarse acabadamente, estudiar los números, consultar con especialistas y actuarios, antes de acabar tomando una decisión – en cualquier sentido – que diera por tierra con cualquier posibilidad de un futuro nacional razonable.

Hay tanto en juego que todas las precauciones son escasas; no es necesario tomar esta decisión en horas cuando afecta a las personas por todo lo que les queda de vida, hay que sacarle punta al lápiz y agudizar la inteligencia, lo que está en juego es mucho.

fuente: http://www.buenafuente.com/destacada/afjp-la-hora-de-la-responsabilidad.html

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